Guerra en Ucrania y en Irán: por qué disparan el precio de la vivienda en España

Guerra en Ucrania y en Irán: por qué disparan el precio de la vivienda en España

De Ucrania a Irán: por qué dos guerras han disparado el precio de tu vivienda en España

Dos guerras. Un problema que ya está en tu calle.

No hace falta vivir cerca de un frente para notar sus efectos. En España, dos conflictos armados a miles de kilómetros de distancia han dejado una huella medible en algo tan cotidiano como el recibo del alquiler o el presupuesto de una reforma. Esta es la historia de cómo ha ocurrido, con los datos que lo confirman.

2022: la guerra de Ucrania encarece construir en España

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, España ya arrastraba tensiones de precios heredadas de la pandemia. La guerra no las creó, pero las multiplicó.

El coste de construir se disparó un 12,3% en un solo año.

Según los datos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, los costes del sector de la construcción cerraron 2022 con esa subida histórica, la mayor de toda la serie reciente, después de un +7,2% ya elevado en 2021. El motivo: la escasez y el encarecimiento simultáneo de acero, cemento, madera y energía, agravados por la ruptura de las cadenas de suministro que provocó el conflicto.

El euríbor pasó de terreno negativo a superar el 3% en menos de un año.

Arrancó 2022 en el -0,477% y lo cerró en el 3,018%, tras entrar en positivo por primera vez desde 2016 en abril de ese año. La escalada no se frenó ahí: el índice siguió subiendo hasta alcanzar el 4,16% en octubre de 2023, su nivel más alto en 14 años. Cualquiera con una hipoteca variable notó el cambio en su cuota mes a mes.

El alquiler cerró 2022 en máximos históricos, con una subida del 7,4% en el año.

Superando por primera vez el precio medio que se había alcanzado en plena burbuja inmobiliaria de 2007. La razón tiene lógica: quien no podía asumir una hipoteca más cara, o veía cómo se encarecía y retrasaba la vivienda nueva, se quedaba en el mercado del alquiler, tensionando aún más una oferta que ya era insuficiente.

Tres indicadores. Un mismo origen. Y España, con menos margen que otros países europeos para absorberlo.

2026: Oriente Próximo reabre la misma herida

El 1 de marzo de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva militar contra Irán que continúa activa a día de hoy. Seis meses después, los distintos altos el fuego pactados se han roto una y otra vez, y el conflicto se ha extendido a la navegación por el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte crítica del petróleo y el gas que consume el mundo.

El mercado energético lo notó de inmediato. El petróleo Brent, que cotizaba en torno a los 68-70 dólares antes del estallido de la guerra, llegó a superar los 100 dólares por barril ya en la primera semana de marzo de 2026, con picos cercanos a los 120 dólares en plena escalada de ataques a infraestructuras petroleras. A fecha de hoy, 13 de agosto de 2026, el Brent cotiza alrededor de los 89 dólares: muy por debajo de los máximos de marzo, pero todavía sensiblemente por encima del nivel previo a la guerra, y sujeto a nuevos repuntes cada vez que se rompe una tregua.

Ese shock energético ya se ha trasladado a la economía española:

  • El euríbor, que había cerrado 2025 en una media del 2,22% y venía en clara tendencia bajista, repuntó hasta la zona del 2,7%-2,8% en los primeros meses de 2026 impulsado, según los analistas, "principalmente por la incertidumbre geopolítica en Oriente Próximo y su impacto en los precios de la energía". El BCE, que preveía seguir bajando tipos durante 2026, se ha visto obligado a frenar esa senda.
  • Los servicios de estudios financieros han revisado al alza sus previsiones de inflación para España: una de las principales entidades bancarias del país ha elevado su estimación de IPC para diciembre de 2026 hasta el 3,1%, frente al 2,0% que manejaba antes de la guerra.
  • España importa el 72% de la energía que consume, sobre todo en forma de gas y petróleo. Según BBVA Research, cada subida del 10% en el precio del crudo se traduce en entre 0,2 y 0,4 puntos adicionales de inflación, un mecanismo de transmisión directo hacia el coste de construir.

Y el sector de la construcción ya venía tocado: entre 2020 y 2025, el coste de levantar una vivienda nueva acumula una subida del 32%, hasta situarse en una media de 1.105 euros por metro cuadrado en vivienda plurifamiliar, según la Confederación Nacional de la Construcción. Los materiales acumulan un encarecimiento del 45% desde 2021. BBVA Research advierte de que, igual que ocurrió con Ucrania, el conflicto en Oriente Próximo puede volver a presionar esos precios al alza y frenar el desarrollo de nuevos proyectos justo cuando más falta hacen.

Por qué España no tiene margen para absorber otro golpe

Aquí está el problema de fondo: ninguno de estos dos shocks ha caído sobre un mercado sano. España arrastra un déficit de vivienda estructural que los golpes externos no hacen más que agravar.

Según el Informe Anual 2025 del Banco de España (publicado en junio de 2026), el país acumuló entre 2021 y 2025 un déficit de vivienda equivalente al 3,7% de sus hogares, más del doble que el 1,5% de Italia y muy lejos del equilibrio que muestra Francia. En términos absolutos, esa cifra ronda las 750.000 viviendas. Otras estimaciones del sector, con metodologías distintas, sitúan el déficit acumulado incluso por encima de las 950.000 unidades y calculan que, al ritmo actual de construcción, España tardaría décadas en cerrarlo.

Los datos de producción lo explican: en 2025 se terminaron en España unas 92.000 viviendas nuevas, muy por debajo del ritmo de creación de hogares. La construcción media anual de los dos últimos años se sitúa en torno a las 143.000 viviendas, un 77% menos que en el bienio 2007-2008, cuando se llegaron a construir 1,27 millones en solo dos años.

A esto se suma otra debilidad estructural: el parque de vivienda pública en España apenas representa el 1,5% del total (una de cada 65 viviendas), muy lejos del 34% de Países Bajos, el 23,6% de Austria, el 21,5% de Dinamarca o el 16,4% de Reino Unido. Ese colchón, que en otros países amortigua las crisis de acceso a la vivienda, en España prácticamente no existe.

Con este punto de partida, cualquier shock exterior (una guerra, una subida de tipos, un parón en las importaciones de materiales) tiene un impacto mayor y más duradero que en la mayoría de nuestros vecinos europeos.

Lo que esto significa si estás comprando, vendiendo o alquilando en España

Para quien participa en el mercado inmobiliario español ahora mismo, estas dinámicas se traducen en algo muy concreto:

  • La obra nueva seguirá siendo más cara y más lenta de entregar, mientras persistan las tensiones en materiales y energía.
  • La financiación puede volver a encarecerse si el euríbor continúa la senda alcista iniciada este año, revirtiendo parte del alivio que trajeron las bajadas de tipos de 2024 y 2025.
  • La presión sobre el alquiler no va a ceder por sí sola, porque la escasez de oferta —la causa de fondo— no se resuelve con más demanda contenida, sino con más vivienda disponible.
  • La vivienda de segunda mano y las operaciones bien informadas ganan valor relativo, precisamente porque no dependen del ritmo, ni de los costes, de la obra nueva.

El valor de operar fuera del ruido: el mercado off-market

En un mercado donde cada noticia geopolítica puede mover el coste de una hipoteca o el precio de una reforma, la información y el acceso a oportunidades reales marcan la diferencia entre comprar bien y comprar tarde.

El mercado off-market (operaciones que no llegan a publicarse de forma masiva y abierta) cobra especial sentido en momentos de tensión como este: permite acceder a propietarios y oportunidades antes de que la presión de precios generalizada las alcance, negociar con más margen y tomar decisiones con información directa del propietario, sin la fricción ni los tiempos de un mercado saturado de demanda. En un contexto de escasez estructural de oferta como el que atraviesa España, esa capacidad de anticipación es, cada vez más, la que separa una buena operación inmobiliaria de una oportunidad perdida.

Preguntas frecuentes

¿Por qué sube el precio de la vivienda cuando hay una guerra lejos de España?

Porque España depende en gran medida de energía y materias primas importadas. Una guerra que afecta a la producción o al transporte de petróleo y gas encarece la energía, y esa energía forma parte del coste de fabricar cemento, acero y otros materiales de construcción, además de presionar la inflación general y, con ella, los tipos de interés.

¿Ha subido ya el euríbor por la guerra en Irán?

Sí. Tras cerrar 2025 con una media del 2,22% y una tendencia bajista, el euríbor repuntó hasta la zona del 2,7%-2,8% en los primeros meses de 2026, un movimiento que los analistas atribuyen en buena parte a la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Próximo.

¿Cuánto ha subido el coste de construir una vivienda en España desde 2020?

Un 32% acumulado entre 2020 y 2025, según la Confederación Nacional de la Construcción, hasta situarse en una media de 1.105 euros por metro cuadrado en vivienda plurifamiliar.

¿Cuál es el déficit de vivienda en España?

Según el Banco de España, en torno a 750.000 viviendas acumuladas entre 2021 y 2025, equivalentes al 3,7% de los hogares del país, muy por encima del 1,5% de Italia.